Pisar el hielo negro: la persistente odisea de los migrantes que buscan el futuro en Santa Cruz

Pisar el hielo negro: la persistente odisea de los migrantes que buscan el futuro en Santa Cruz

Sociedad-, La Patagonia argentina suele ser descrita en los folletos turísticos como un paraíso de glaciares imponentes y horizontes infinitos. Sin embargo, detrás de la postal idílica se esconde una realidad mucho más dura, hecha de escarcha, viento racheado y el silencio de la distancia. Esa es la geografía humana que el periodista tucumano Miguel Velárdez decidió registrar en “Pisar el hielo negro”, un libro que nace del proyecto “Migrantes laborales”, galardonado con la prestigiosa Beca Michael Jacobs de crónica viajera.

El viaje de Velárdez comenzó en septiembre, a bordo de un camión en un trayecto que se extendió durante casi cinco días. Su destino: Santa Cruz. Su combustible: diez mil dólares otorgados por la Fundación Gabo, el Hay Festival y The Michael Jacobs Foundation for Travel Writing, destinados a financiar una investigación que buscaba ponerle rostro, voz y nombre propio al fenómeno de la migración interna y extranjera en el sur argentino.

El sur como la «tierra prometida» del norte

Para un habitante del norte argentino, la Patagonia es casi otro planeta. Sin embargo, la necesidad acorta cualquier distancia. Ciudades como Río Gallegos, Río Turbio, El Calafate y Pico Truncado se han convertido, históricamente, en imanes para miles de personas que huyen de la falta de oportunidades.

«En el norte argentino, en Tucumán, Salta, Jujuy, todos tenemos algún familiar o conocido, alguien que vivía a la vuelta de casa y se fue al sur a trabajar, a probar suerte, a empezar de cero», explica Velárdez.

Ese fue el ovillo del que el periodista comenzó a tirar. Lo que empezó como llamados telefónicos a la distancia para rastrear a coprovincianos asentados en Santa Cruz, terminó transformándose en una crónica profunda sobre las expectativas chocando de frente contra la realidad.

Paralelismos de una frontera invisible

Al estructurar su propuesta para la beca, Velárdez confiesa que llegó a dudar de la potencia de su historia al compararla con los brutales éxodos centroamericanos. Sin embargo, al pisar el suelo santacruceño, entendió que el dolor y el esfuerzo tienen distintas formas, pero el mismo peso.

FactorMigración CentroamericanaMigración en la Patagonia
Estatus LegalMayoritariamente indocumentada.Legal (en su mayoría interna o limítrofe).
Principales RiesgosViolencia, narcotráfico, peligro de muerte.Clima extremo, aislamiento y desempleo crónico.
El MotorSupervivencia inmediata.Búsqueda de una mejor calidad de vida.
El Desafío PsicológicoViolencia del trayecto.Un desarraigo profundo y silencioso.

A diferencia de la frontera mexicana, en el sur argentino no hay cárteles ni muros de concreto, pero el clima y el aislamiento actúan como una aduana invisible. «Muchos llegan a Río Turbio sin saber siquiera cómo es el clima, sin la ropa adecuada para enfrentar ese frío. Llegan con una mano atrás y otra adelante, una mochila y la esperanza de conseguir un empleo, de trabajar en lo que sea», relata el cronista. Para Velárdez, ese impulso vital es «tan fuerte como lo que les pasa a los migrantes de Centroamérica».

Sostenerse sobre el hielo negro

El título del libro no es casual. El «hielo negro» es esa capa delgada, invisible y traicionera que se forma sobre el asfalto congelado; un paso en falso y todo se derrumba. Así es la vida del migrante laboral en Santa Cruz: un caminar constante sobre terreno resbaladizo, donde la estabilidad laboral o la vivienda digna no siempre están garantizadas a la llegada.

A pesar de las adversidades, el libro no busca instalarse en la queja, sino en el reconocimiento de la resiliencia de quienes eligen quedarse a pelearla.

“El libro está enfocado en quienes siguen ahí peleándola día a día”. — Miguel Velárdez, periodista.

“Pisar el hielo negro” se erige así como un documento urgente y necesario. Una obra que demuestra que, a veces, para contar las historias más profundas de un país, hace falta cruzarlo entero a bordo de un camión y sentarse a escuchar a quienes, con frío en las manos pero fuego en el pecho, construyen la Patagonia de todos los días.

Fuente La Opinión Austral

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Angel Hamer

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