Mujeres a la Roca: un vínculo que va más allá del deporte en la estepa santacruceña
Sociedad-, En el noroeste de Santa Cruz, el viento no solo acompaña: marca el ritmo del paisaje. Atraviesa las formaciones rocosas, levanta polvo fino y se cuela entre las paredes del Cañadón Caracoles, dentro del entorno natural del Parque Patagonia. Allí, entre colores intensos que cambian con la luz del día, un grupo de mujeres encontró algo más que un espacio para escalar: construyó una comunidad.
Se trata de “Mujeres a la Roca”, una propuesta que combina escalada deportiva, naturaleza y conciencia ambiental, y que crece temporada tras temporada. En verano, las actividades se concentran en el Cañadón Caracoles; durante el invierno, la experiencia se traslada a la ciudad de Perito Moreno, donde el grupo sostiene los encuentros y suma nuevas participantes.
“Mujeres a la Roca nace del compartir la escalada deportiva entre mujeres, madres, hijas y amigas”, explica Luisina Monente, una de las impulsoras del proyecto. Lo que comenzó como una práctica compartida fue ampliándose hasta transformarse en un espacio con objetivos claros: generar ámbitos seguros que promuevan la autoestima, la inclusión, el amor propio y la cooperación.
“La roca es súper abrasiva, súper adherente, te abraza”, describe Monente al hablar de las paredes naranjas, amarillas y rosadas del cañadón, un paisaje que cambia constantemente con la luz y el clima. A su alrededor, la vida silvestre también impone su presencia: guanacos, choiques, chinchillones e incluso pumas forman parte del entorno habitual.
Escalar con conciencia ambiental
El vínculo con la naturaleza no es solo contemplativo. Desde el grupo, la práctica incluye una fuerte impronta de cuidado del ambiente. “Esto de dejar rastro cero, de cómo nos movemos en ese lugar”, señala Monente como una de las primeras enseñanzas que sostienen en cada encuentro.
A esa filosofía se suman acciones concretas de restauración y participación ambiental, como la plantación de juncos en sectores de escalada, en articulación con iniciativas de conservación del parque. Estas experiencias se integran a un proceso más amplio de recuperación de ambientes sensibles, especialmente humedales, dentro del Parque Patagonia.
“Qué más lindo que tu lugar donde vas a escalar se vea bello, se vea hermoso”, resume la escaladora, sintetizando una forma de habitar el territorio que une disfrute, cuidado y compromiso colectivo.
Un espacio propio en un deporte históricamente masculino
Además del vínculo con el ambiente, el proyecto también busca abrir caminos en términos sociales y culturales. “Nos ayuda a generar espacios de inclusión y participación en lugares donde por lo general predominan los hombres”, afirma Monente.
Sin plantear una oposición, el grupo propone otra forma de relación con la escalada: más colaborativa, más acompañada, atravesada por experiencias diversas. “Culturalmente tenemos otra historia, vivimos otras cosas”, agrega.
La convocatoria es abierta y no exige experiencia previa. “Creo que todos podemos escalar”, sostiene Monente. La invitación es clara: animarse al primer contacto con la roca, aprender y compartir.
Un movimiento que continúa todo el año
Cuando el invierno endurece el clima en la estepa, la actividad no se detiene. En Perito Moreno, el grupo sostiene sus encuentros, adaptándose a las condiciones y fortaleciendo el espacio comunitario.
“La idea es que el vínculo no se corte”, explican desde el proyecto, que apuesta a mantener la continuidad más allá de las estaciones.
En definitiva, “Mujeres a la Roca” trasciende la escalada. Es una forma de encuentro con otras personas, con el paisaje y con una misma. Un movimiento que crece en silencio, pero con fuerza, en la inmensidad de la estepa santacruceña.
Fuente: Agencia El Rompehielos
Proveedora de noticias e información sobre asuntos ecológicos, ambientales y culturales de la Patagonia y la Antártida Argentina.









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